archivo

Archivos diarios: 9 octubre, 2010

Ahora ya no te pienso en las mañanas, ya no suspiro tu nombre cuando estoy solo, ya no te imagino en las tardes cuando cae el sol y el cielo entero -por un instante- se pone rojo y el todo cambia su color. ¿Te acuerdas de esas tardes, nuestras tardes? Probablemente no y si sí, no las recordarás de la misma forma en la que yo las recuerdo. Te burlarás de mi, por anticuado. Tú siempre fuiste muy cruel. Dicen que los niños son crueles, pero nunca nadie habló de las niñas como tú. No es que no hayas crecido, es que nunca dejaste de ser niña. Y ahora que eres mayor, no dejas de ser una niña, una niña grande.

Ya no escribo cuentos, ya no escribo poesía pensando en ti. Quiero escribir cartas de amor hasta morirme y mandarlas por correo a todas partes y para que las lean extraños, nunca tú. Y decir que no te quiero, aunque te quiera.

Ya no estabas ahí cuando me fui. Me fui yo primero, no como una huida cobarde sino retirándome, con la resignación terrible de quienes saben que es el final. Contigo no estaba vivo. Y ahora sin ti estoy muerto, nunca he estado más muerto. Y aún así, contigo nunca estuve vivo. ¿Te acuerdas?. Yo sí. ¿Qué hacías cuando me fui? De cualquier forma, ya no estás. No estamos ninguno de los dos.

Bueno, te decía.

Ya no te pienso en las mañanas. No suspiro tu nombre -en secreto- cuando estoy solo; no soy yo quien te imagina en las tardes. Eres tú quien llega, cada noche, suspirando entre sueños, cuando cae el sol y el cielo entero  -y por un instante- se pone rojo y entonces cambiamos de color.